Recordando mis tiempos como empleado de Inelectra

Durante un período de mis estudios universitarios tuve la oportunidad de trabajar como asistente de ingeniero en Inelectra. Esta compañía ejecutaba – entre otros muchos proyectos – la inspección de las obras electromecánicas y civiles del Metro de Caracas en el tramo Los Cortijos – Palo Verde.

La primera cosa que me llamó la atención de esa compañía fue el riguroso proceso de selección de personal. Yo optaba por un puesto de asistente de ingeniero en una compañía que entonces empleaba unos 150 ingenieros. En resumen, estaba optando por un puesto de muy poca relevancia.

A pesar de ello, tuve una primera entrevista con una dama que resultó ser la gerente de RR.HH. Inmediatamente después de la entrevista respondí unos test de selección de personal: de inteligencia, de comprensión y de personalidad. Un mes más tarde me citaron con quien era el gerente del proyecto, quien despachaba desde las oficinas del metro anexas a la estación de Caño Amarillo. Luego de unas semanas me citaron a exámenes médicos para comenzar mi trabajo al día siguiente.

Cuando tenía una semana trabajando me citaron a la sede principal en Santa Paula para una inducción. La bendita inducción fue una suerte de taller de cuatro horas entre el presidente de la compañía (otro ingeniero), mi amiga la gerente de RR.HH. y los nuevos empleados, algunos de los cuales habían volado desde Puerto Ordaz, Maracaibo y Puerto La Cruz. Nos comenzaron hablando de los fundadores de la compañía y sus primeros proyectos. Luego nos describieron cada uno de los proyectos en curso mostrándonos algunas fotografías de las oficinas y “jobsites” actuales, para finalizar enumerando los planes para el futuro inmediato. Concluyendo nos describieron y mostraron el organigrama funcional y nos entregaron el manual del empleado.

Poco después, leyendo en casa mi copia del manual del empleado terminé de comprender de donde provenía ese meticuloso proceso por el cual había pasado: ¡Todo estaba escrito en el manual que tenía frente a mi! Allí se describía de manera general las responsabilidades de cada departamento y sus formas de interactuar unos con otros, la ocasión de la inducción, los responsables de su ejecución y su contenido general. En resumen, la empresa parecía una orquesta filarmónica en ejecución: Un director dando el tiempo y enfatizando uno que otro movimiento, una partitura (el manual en mis manos y otros tantos que no conocía) y los talentos individuales ejecutando esa partitura. Aún cuando no te guste una pieza particular de música clásica, ver su ejecución es siempre impresionante por la belleza y aparente simpleza de la organización subyacente.

Desde entonces he pensado que la doctrina subyacente a todo ese proceso ordenado y riguroso provenía de los tres ingenieros eléctricos que fundaron la empresa.

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