Paranoia en los aeropuertos de EE.UU.

Después de los ataques del 11 de septiembre, he viajado 3 veces a los EE.UU. Cada viaje sucesivo me ha permitido observar nuevos sistemas y procedimientos de seguridad implementados por el gobierno norteamericano. Es innegable la necesidad que tienen de implantar medidas muy estrictas para proteger el transporte aéreo, sobre todo frente a un enemigo que considera correcto involucrar a non-combatants en sus operaciones de guerra.

Mi último viaje de regreso se inició en el aeropuerto internacional de Orlando. Apenas al llegar al aeropuerto empezamos a escuchar de manera periódica un mensaje que indicaba que el nivel de alerta en ese momento era naranja. Asumo que cuando el nivel es naranja están mas alerta que cuando están en alerta amarillo. Si esa información está disponible al público, los terroristas solo atacarán cuando los niveles de alerta estén mas bajos. ¿No sería mejor mantener estos niveles de alerta confidenciales?

Al rato empezaron a titilar unas luces estroboscópicas de alarma de incendio. Ningún pasajero se inmutó y al poco tiempo una voz etérea anunciaba que se estaba haciendo una prueba al sistema de alerta de incendios y que se debía hacer caso omiso a las lucecitas.

Una vez registrado y con pases de abordaje en mano me dispuse a curiosear en una tienda de revistas mientras juntaba ánimos para iniciar la cola de 400 o 500 personas en linea para ser requisadas por el personal de la TSA (Transportation Security Administration). Esta vez empezó a zumbar una alarma mientras una voz un poco alterada decía que había un código tal y se le ordenaba a fulano y zutano que hicieran tal y cual cosa en el sector algo. Luego la misma voz – un poco mas calmada esta vez – informada a los pasajeros que se había producido un alerta y que tenían agentes investigándola. Mientras tanto no se deberían usar ni los ascensores ni las escaleras mecánicas. Al mismo tiempo observé agentes de la TSA corriendito de aquí para allá, mientras algunos distraidos seguían usando las escaleras mecánicas.

Al rato como que se les olvidó el asunto y volvieron con el cuento del nivel naranja.

La nación mas poderosa del mundo parece ser muy organizada también. Me puse en una línea larguísima y en veinte minutos había pasado los chequeos de seguridad y me encontraba sin zapatos ni correa en el área de abordaje. Al verme con mis hijos me dieron preferencia y creo que me ahorré unos 10 minutos. La gente de la TSA tiene un trato impecable con el público. A pesar de que su labor puede fácilmente volverse antipática e impopular entre los pasajeros, su trato es tan cordial, considerado y profesional que uno apenas se incomoda al pasar por toda la parafernalia de detectores de metales, quitarse los zapatos, sacar la laptop de su estuche y otros procedimientos de seguridad. A los niños – quienes pueden ser mas reacios a todo este asunto debido a que no entienden su importancia – se les premia con una calcomanía en forma de globo con sendas bandas laterales con los colores de la bandera americana. María Begoña salió sonriente y feliz mostrándole su calcomanía a todo el mundo.

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