No te amo por lo que haces por mi, ni por ser quien eres… te amo a pesar de ser quien eres

Hace algunos años asistí al entierro de un tío materno de mi ex-esposa. Conocía al difunto desde 1988 y la verdad no recuerdo haberlo visto sobrio ni siquiera una vez en los más o menos 20 años que le conocí. Por referencia de mi ex-esposa, supe que su salario se repartía básicamente entre el alcohol y la manutención de uno de sus hermanos, quien mantenía una relación parasitaria con el difunto. La esposa del difunto, típica mujer venezolana, trabajaba de sol a sol para echar adelante un hogar con dos hijos e incluso al mismo padre que nada aportaba.

Durante el entierro, el – según mi ex-esposa – hermano parasitario del difunto y de nombre Enrique, lloraba y gritaba como una marica. ¿Amor o interés? Contrastablemente, el hijo del difunto mantenía una prestancia que me inspiró respeto y una profunda admiración. Estabamos en presencia de un hombre equilibrado y ecuánime, capaz de enorgullecer al más exigente de los padres.

Luego de sellar el sepulcro, el hijo del difunto tomó la palabra para decir la elegía de rigor. En el cementerio se encontraban sus familiares – muchos hermanos, hermanas y sobrinos – y sus compañeros de trabajo de muchos años, de manera que todos los presentes conocíamos perfectamente la conducta del enterrado. Con voz firme y a la vez temblorosa, el hijo le dijo a todos los presentes que a pesar de todos sus defectos, su padre era su padre y tanto él como su hermana lo adoraban hasta más no poder. ¡Papá, nos vas a hacer falta cada día que vivamos! Pasó entonces a relatar lo mucho que extrañaría ver a su padre retozar alegremente con su nieto, riendo y gritando del puro gusto de estar juntos.

Recordando estas cosas, hace un par de semanas escribí la horrenda pseudo elegía ¨Elegía sin tercetos¨ que aparece publicada en este mismo blog. Me di cuenta que los hijos aman a sus padres o no los aman. Si los padres trabajan sin descanso para asegurarles el bienestar a los hijos o si, por el contrario, se comportan negligente e irresponsablemente, el resultado final va a ser el mismo. En un sentido mas general, no puedes dejar de ser quien eres para lograr el amor de otros.

El problema es que las personas te aceptan como eres solo al principio de su relación contigo. Mirando en retrospectiva me doy cuenta que el hombre que hoy día prefiere distraerse frente a una computadora en lugar de mantener una conversación con otra persona no es distinto al niño que pasaba sus vacaciones escolares encerrado en su biblioteca leyendo ávidamente; no es distinto al adolescente que amanecía estudiando teoría de estructuras o proyectos estructurales de acero por el solo placer de aprender; no es distinto al joven recién graduado que amanecía en la oficina calculando cosas y disfrutando del silencio y la soledad. No soy distinto.

Con melancolía y tristeza me doy cuenta que a pesar de siempre haber velado por su bienestar y a pesar de amarlos con todo aliento de vida que HaShem me ha concedido, mis hijos Néstor (nombre dado en honor a mi padre) y Bego (nombre dado en honor a mi madre, aunque no se acuerde de la conversación de donde proviene), me ven como al extraño que veo cada día en el espejo cuando me afeito.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s