Poema innominado de William Ernest Henley (1.849-1.903)

Desde la noche que me cubre,
negra cual foso insondable,
agradezco a los dioses si existieren
por mi alma inconquistable.

Bajo el puño de la circunstancia
ni he gritado ni he doblado mis rodillas
Bajo el capricho del destino
mi cabeza sangra, pero erguida.

Más allá de este lugar de lágrimas e ira
de las sombras intuyo el horror
y aún así la amenaza de las eras
me encuentra y encontrará sin temor.

No importa cuán estrecho el umbral
que tan severo el castigo
soy señor de mi destino
de mi alma el capitán soy.

Poema innominado de William Ernest Henley (1.849-1.903). Escrito en 1.875 y publicado en 1.888. Luego llamado “Invictus” por Arthur Quiller-Couch.

Traducción libre del original en lengua inglesa por Carlos Javier Contreras con la colaboración de don Ángel Javier Aguilar Bañón.

Maracaibo, 13 de mayo de 2.010.

Poema de las cosas, por José Ángel Buesa

Quizás estando sola, de noche, en tu aposento
oirás que alguien te llama sin que tú sepas quién,
y aprenderás entonces, que hay cosas como el viento
que existen ciertamente, pero que no se ven…

Y también es posible que una tarde de hastío
como florece un surco, te renazca un afán,
y aprenderás entonces que hay cosas como el río
que se están yendo siempre, pero que no se van…

O al cruzar una calle, tu corazón risueño
recordará una pena que no tuviste ayer
y aprenderás entonces que hay cosas como el sueño,
cosas que nunca han sido, pero que pueden ser…

Por más que tú prefieras ignorar estas cosas
sabrás por qué suspiras oyendo una canción
y aprenderás entonces que hay cosas como rosas,
cosas que son hermosas, sin saber que lo son…

Y una tarde cualquiera, sentirás que te has ido
y un soplo de ceniza regará tu jardín,
y aprenderás entonces, que el tiempo y el olvido
son las únicas cosas que nunca tienen fin.