Lo más importante no es que vendí mi Cámara DSLR, sino la enseñanza que obtuve

Influenciado por un Podcast acerca de fotografía, en enero de 2009 compré una cámara fotográfica digital SLR (single lens reflex). En ese momento me sentí muy motivado a tomar hermosas imágenes que despertarían la admiración de la humanidad toda, y develarían de una vez por todas el maravilloso artista plástico que hay en mí. Tres años y medio después decidí que no había sido una buena idea, y pude venderla recuperando el 30 % de lo que originalmente pagué por ella. Suena poco, pero considerando lo rápido que la obsolescencia alcanza a la tecnología digital estos días, es un porcentaje bastante bueno.

Podemos dividir las cámaras fotográficas digitales en tres grandes grupos:

  1. Point-and-shoot: Literalmente, apunte-y-dispare. No requieren ningún ajuste manual por parte del fotógrafo, que solo debe apuntar la cámara en la dirección deseada y presionar un botón para capturar la imagen. Permiten algunos ajustes manuales, pero no son necesarios. El sensor que capta la imagen es bastante pequeño, lo que tiende a producir imágenes un poco “sucias” cuando hay poca luz en el momento de la fotografía.
  2. Pro-sumer: Curiosa voz gringa que une los vocablos Pro(fessional) y (con)Sumer. Digamos que es una cámara para un aficionado dispuesto a estudiar los detalles técnicos de la fotografía. Sus sensores son de tamaño significativamente mayor al utilizado en las point-and-shoot, lo que les permite captar imágenes de mejor calidad, aún en ausencia de la intervención inteligente del fotógrafo. Permite el ajuste manual de todos los parámetros que influyen en las características de la imagen que se desea capturar, pero funciona perfectamente en modo automático, sin requerir la intervención del fotógrafo. La cámara que vendí pertenecía a esta categoría.
  3. Pro(fessional): Una cámara con un sensor de dimensiones muy parecidas a la película original de 35 mm, que captura imágenes de altísima calidad. Al igual que las Pro-sumer, permite ajustar manualmente todos los parámetros técnicos de una fotografía, aún cuando puede capturar imágenes geniales en modo automático. Las solas dimensiones del sensor le permiten capturar imágenes muy fielmente, aún en condiciones de poca luz.

La cámara que vendí tomó fotografías geniales en modo automático, aunque con frecuencia me metí en problemas cuando traté de utilizar los ajustes manuales. Me sirvió muy bien para tomar una gran parte de las más de 300 fotografías de mi blog sobre plumas fuente; la calidad de las fotografías resultó genial debido a la capacidad del sensor, aunque me fué algo engorroso tomarlas debido a las dimensiones un poco aparatosas de la cámara, y sus complejidades técnicas. Cuando decidí dar por terminado mi trabajo en el blog, ya no tuve razón para continuar teniendo esta cámara. Más o menos al mismo tiempo, una tecla de mi MacBook se rompió sin motivo alguno y decidí venderla, por lo que aproveché y vendí también la cámara para financiar la compra de mi nueva computadora.

Luego de conseguir un comprador y acordar un precio y condiciones de entrega, saqué la cámara de la gaveta de mi escritorio para probarla y limpiarla antes de la entrega a su nuevo dueño. Aún cuando había decidido que no me sería útil en el futuro, sostener esta hermosa cámara en mis manos me hizo desear conservarla. De nuevo soñé ser un fotógrafo espléndido, capaz de capturar en una imagen todo el esplendor de la naturaleza. Pero la palabra empeñada es demasiado influyente en mi carácter como para retractarme, por lo que la preparé para entregarla. Cuando le comenté a mi pareja el asunto, me dijo que debía recapacitar y entregársela a ella para tomar hermosas imágenes que despertarían la admiración de la humanidad toda, y develarían de una vez por todas la maravillosa artista plástica que había en ella. La bendita cámara tenía 3 1/2 años en mi gaveta a su entera disposición, sin que le hubiese despertado el menor interés. Pero ante la posibilidad de desprenderse de un objeto material completamente inútil para ella hasta ese preciso instante, prefería aferrarse a él.

Al final vendí la cámara, en lo que califico como un buen negocio tanto para mi como para su nuevo dueño. Desde entonces, me he sentido liberado de la posesión de un objeto que al momento me resultaba inútil, y que estaba irritándome cada vez que abría la gaveta de mi escritorio en casa y lo veía ocupando espacio innecesariamente. Todavía conservo dos fantásticas cámaras digitales Panasonic, que son menos aparatosas, y que pienso empezar a usar profusa y relajadamente; ocupan muy poco espacio, son increíblemente fáciles de usar, y capturan imágenes fantásticas. Con el dinero recibido, sumado al obtenido por mi Apple MacBook, pude comprar una nueva computadora portátil que me gusta mucho. Lo más importante es mi recién obtenido estado de relajación al tener un escritorio más despejado, y la sensación de liberación que siento al no tener que ser un fotógrafo capaz de tomar hermosas imágenes que despertarían la admiración de la humanidad toda, y develarían de una vez por todas el maravilloso artista plástico que hay en mí.

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