La Última Cruzada de Zapato 3 en Maracaibo el 13 de julio de 2012

Comencé a escuchar a Zapato 3 en 1990 con el álbum Amor, Furia y Languidez, de sonido crudo y sub-producido, que sin embargo aprecio como la obra más significativa y original de la banda. Recuerdo haber comprado el vinil en la discotienda del IPSFA en Santa Mónica/Los Próceres, en Caracas, para luego llevarlo al desierto apartamento de mis padres, quienes vivían en ese tiempo en Buenos Aires con mi hermana Vanessa Cristina. En ese tiempo solía escuchar el Rock Progresivo de Genesis y Yes, de forma que escuchar una banda como Zapato 3, más parecida en ese tiempo a Sex Pistols que a cualquier otra cosa, constituía una novedad.

Compré Bésame y Suicídate, segundo álbum de la banda, apenas salió en 1991. Para entonces la banda contaba con el respaldo y recursos del sello Sonográfica, de forma que esta segunda propuesta contaba con un sonido mejor cuidado. Por alguna razón, jamás me gustó tanto como Amor, Furia y Languidez, pero no puedo negar que mi cabeza batió bastante con él. En retrospectiva pienso que el sexual innuendo siempre aparente en las letras de Zapato terminó pareciéndome inelegante, y me acercó a la exquisita poesía de Soda Stereo, a quienes seguía ávidamente desde 1989. Estos últimos podían decir casi tantas barbaridades como Zapato, pero sin que una monja a su lado levantara sus beatas cejas ni por un segundo. Poco tiempo después comencé a escuchar Iron Maiden, y Black Sabbath con Ronnie James Dio como vocalista, y mis preocupaciones se centraron en la condena eterna del alma humana, la oscura trascendencia de la misma, la maldición de la clarividencia, la locura, y la muerte. Por ese tiempo releí Huis Clos del maldito imbécil de Jean Paul Sartre, que a su vez me indicó el camino hacia Le Mythe de Sisyphe de Camus. Ya para entonces las letras de Zapato se me habían convertido en conversación de retrasados mentales, y simplemente dejé de escucharlos.

Escuché algunas canciones de los siguientes álbumes de la banda aquí y allá, pero jamás me interesé demasiado en el asunto. El cover de Vampiro de Seguridad Nacional que apareció en el álbum Cápsula Para Volar, de 1995, me llamó la atención tanto como a cualquier otro rockero caraqueño de mi edad, pero no lo suficiente como para ir de compras a una discotienda. En retrospectiva siento que de haber escuchado Separación cuando salió al mercado en 1993, lo habría abrazado en detrimento de Soda Stereo.

En 1996, un año después de la salida de Cápsula…, me mudé a Maracaibo con mi hijo Néstor Adelso y su madre, entonces mi esposa. Obtuve un buen trabajo que conservo hasta el día de hoy, pero terminé alienado de mis escasos vínculos con otros seres humanos. Los nativos son, en general, personas poco habituadas a la lectura, poco cultivadas, y muy aficionadas a los más bizarros gustos musicales. Si los rockeros militantes somos una minoría anormal en Caracas, en Maracaibo somos un infinitésimo que tiende a cero.

Enfermo de tanta estupidez que me rodea en esta maldita ciudad, Fito Páez dixit, de tanto en tanto exploro la internet en busca de referencias cercanas a mi esencia, que no tiene identidad propia, pero al menos se siente caraqueña y rockera. Tarde o temprano iba a conseguir un torrent de Zapato 3 que me recordara que hicieron música que me hizo feliz cuando vivía solo en Caracas. ¿Hay casualidades en la vida?, ¿o es El Señor, bendito sea su nombre, que nos deja señales de su amor e infinita misericordia? Bajé el torrent de Zapato a finales de enero de 2012, y poco después me enteré de los planes de La Última Cruzada. Estuve a un click de irlos a ver en Maracay a finales de marzo de 2012, pero al final decidí esperarlos en Maracaibo. Compré mis 3 entradas el miércoles 6 de junio de 2012, menos de una semana luego de que fuesen puestas en pre-venta, y cinco semanas y pico antes de la fecha del concierto.

La misma semana del concierto debí viajar a Maturín a una reunión de trabajo, y a firmar el acta de inicio de un contrato. Muy a mi pesar, me tocó arriesgar el regreso por avión el mismo día del concierto. Mi vuelo inicial Barcelona-Maiquetía por Avior salió con solo 30 minutos de retraso, de forma que llegué a Maiquetía a las 10 de la mañana, con suficiente tiempo para tomar mi conexión a Maracaibo en el vuelo de las 12 del mediodía con Aserca. Esta última aerolínea nos embarcó en una aeronave unas 4,5 horas después de lo acordado, con el agravante de que en lugar de dar una declaración responsable acerca del retraso, decidieron dar sucesivos aplazamientos de entre 30 y 50 minutos, hasta completar las 4,5 horas de retraso efectivo. El problema no es el retraso en sí, sino la burla al pasajero al no decirle la verdad respecto al mismo. En todo caso, no pude alejarme de la puerta de embarque para almorzar, y llegué a Maracaibo 4,5 horas después de lo planeado, y muerto del hambre.

Tuve suerte con el taxista que me tocó en el Aeropuerto Internacional La Chinita, nombre idólatra que no me queda forma de evitar escribir en esta reseña. Ciertamente bendije al hombre que pudo llevarme a casa en el Norte de la ciudad en 35 minutos, tomando atajos que desconozco aún después de 16 años viviendo aquí. Un baño rápido, un “almuerzo” rápido, y on a taxi we go mí amada Eve, mi primogénito Néstor Adelso –quien casualmente tiene ahora la misma edad en la que empecé a escuchar a Zapato 3–, y mi persona.

Pudimos llegar a la cola a las 6:45 p.m., que estaba bastante corta para el espectáculo que comenzaría a las 07:00 p.m. La espera estuvo agradable, pero bastante calurosa. Incluso pude conocer a algunos nativos con gusto por la banda. Es bueno saber que no todos ellos tienen gustos musicales degenerados.

Después de la espera no planificada en Maiquetía, ciertamente tenía poca paciencia. Eve decidió llevarse una cámara fotográfica –en contra de mi expresa recomendación–, que no le dejaron pasar. El incidente la llevó frente a un supervisor de seguridad que consideró totalmente apropiado llamar “mamita” a una dama en compañía de su esposo. Ante mi airada reclamación de respeto terminé recibiendo amenazas físicas de tan bien escogido supervisor, que se desvanecieron tan pronto me planté dispuesto a defenderme. Como he sospechado desde hace 16 años, los ruidosos maracuchos son, fundamentalmente, buche y plumas. Al final nuestro héroe se disculpó profusamente, y terminó guardándole la cámara a Eve hasta el final del concierto.

Una vez dentro de la sala, me percaté de cuanto han cambiado las cosas desde que iba a conciertos en el Poliedro de Caracas. El grandilocuente nombre de “Centro de Convenciones Norte” designa a una antigua sala de cine, con una alfombra sucia y pegajosa, baños insuficientes, sin extintores de incendio ni salidas de emergencia señalizadas, y escasamente climatizada para este tipo de espectáculos. Justo frente al escenario se estableció la sección “V.I.P.”, donde nos encontrábamos, con acceso a un bar vendiendo Chivas Regal Premium Scotch Whisky Aged 12 Years a 60 bolívares/dram, Something Special sin indicación de edad de añejamiento por algo menos, y hasta un ron que no recuerdo. Una especie de cerca metálica removible separaba al “V.I.P.” de las localidades más baratas, que a su vez tenían acceso a un bar de cerveza, Polar Ice, si mal no recuerdo.

Servir un whisky escocés -incluso un blended- en vasos de plástico, ya es bastante imbécil. No proporcionar agua fresca en un recinto cerrado y mal ventilado, raya en lo criminal.

Las bandas teloneras comenzaron a tocar a eso de las 9 de la noche. La primera sonó como Slayer, con un par de buenas guitarras (uno de ellos el vocalista), un maravilloso drummer, y un bajista bastante competente; la segunda banda, Somático de Maracaibo, presentó dos buenas guitarras, un bajista y un drummer bastante olvidables, y un vocalista poco capaz y algo amanerado, sin llegar totalmente a maricón (imaginad un Beto Cuevas, pero sin voz). De la tercera banda telonera, llamada Manta, solo recuerdo al excelente vocalista, quien exhibió una maravillosa técnica vocal mezclada con un feeling al cantar muy propio de un profesional. Siendo sincero, de las tres bandas que le hicieron telón a Zapato, lo único que realmente valió la pena, y por mucho, fue la ejecución el vocalista de Manta. En las reseñas del concierto se mencionan cuatro bandas, pero yo solo recuerdo haber escuchado las tres antes descritas, cuyas fotos os presento en el orden de aparición:

Justo antes de que se montara Manta, haciendo la señal que Ronnie nos enseñó.

Lo interesante de un concierto de rock es que terminas conociendo gente que, por algunas pocas horas, parece que conocieras de toda la vida. No se si los rockeros maracuchos son tan militantes como nosotros los rockeros caraqueños, que incluso podemos vomitar si escuchamos merengue o vallenato por más de 45 segundos seguidos, pero lo cierto es que por primera vez en 16 años pude establecer un vínculo cercano, aunque efímero, con algunos nativos que no fuesen mi familia. Ni siquiera la edad es importante. El pana a la extrema derecha de la siguiente foto tenía la tapa de Amor, Furia y Languidez, un disco que con seguridad debe tener más o menos su misma edad. Los tres nos tripeamos juntos el concierto, y hasta salimos juntos en la reseña del deprimente Diario Panorama, un periodicucho regional. En el Zulia también se publica un excelente diario llamado La Verdad, pero los nativos parecen preferir la hórrida y sub-editada redacción de Panorama, al punto que los menos instruidos llaman con ese nombre a cualquier diario. He escuchado referirse a El Universal o a El Nacional como “el Panorama de Caracas”.

De lo que estoy seguro es que el chico a mi lado en la siguiente foto nació 5 años después de la primera vez que escuché el disco que sostengo en mi mano derecha.

Zapato se montó en la tarima poco después de las 11 de la noche. Carlos apareció con franela, camisa manga larga, bufanda, sombrero y pandero. Tanta ropa, combinada con la pésima climatización de este cuchitril mal llamado “Centro de Convenciones Norte”, terminó haciéndolo interrumpir el concierto para tratar de refrescarse por unos minutos.

El sonido estuvo excelente, y la banda, que siempre fue grandiosa en vivo, estuvo mejor que nunca. Carlos Segura es uno de esos vocalistas que pone tanto de si mismo en la interpretación, que a nadie le importa un carajo que su voz no sea la más potente ni la más bella. Por la forma en que bailó, y la sonrisa en sus labios, estoy seguro que la estaba pasando muy bien. Las guitarras de Álvaro Segura fueron un tanto imprecisas en algunos solos, pero le puso tanto feeling que no me importó mayor cosa. Diego Márquez sonó durísimo en la batería, y Jaime Verdaguer estuvo impecable en los teclados. Jaime escribió la música de Entrada de Bala, por lo que lo cuento entre mis músicos más respetados y admirados. Fernando…

… Batoni escribió la letra de Entrada de Bala, y solo me resta guardar respetuoso silencio al respecto. Pasó casi todo el concierto cubierto por un gigantesco sombrero negro, casi sin asomar los ojos, taciturno en una esquina de la tarima. Animado por Carlos, tomó el centro del escenario en algunas ocasiones, pero siempre regresaba a su esquina. Se me hace un tipo tranquilo, tan seguro de si mismo que simplemente no tiene nada que demostrarle a nadie. Pocos bajistas son pieza tan fundamental de una banda, y hasta pensaría en él como una especie de Steve Harris criollo.

Fue un concierto muy duro físicamente. El calor en ese antro era excesivo, y varias veces tuve que dejar de bailar para permitirle a mi cuerpo enfriarse un poco. Durante esas pausas podía literalmente sentir el calor que emitían las personas a mi alrededor. Eve tuvo que salirse de la sala poco después del intermezzo que hizo Carlos Segura para recuperarse, y Néstor se sintió mal poco después, y se marchó a casa de un amigo sin decirme nada. Pude resistir el concierto en las primeras filas con las dos botellitas de agua que me hizo llegar Eve, quien luego huía de nuevo hacia la puerta de la sala. La huida de mi amada fotógrafa es la razón de que no tenga fotos de los estadios finales del concierto. Quien me conozca un poco sabe que jamás le quitaría la vista a la banda para tomar una estúpida fotografía. La música se siente en el pecho, aturde tus oídos, y permea tu alma, y en un concierto se cataliza aún más al percibir una sonrisa de Carlos Segura, el filial abrazo que le brindó a su hermano Álvaro, y más aún su tierno abrazo a Fernando Batoni, cuando le susurró algo al oído con una sonrisa que no le cabía en la cara. Parecía decirle “lo hicimos, esto es Zapato 3, de nuevo”.

Este concierto me hizo recordar tiempos muy felices de mi adolescencia, cuando paradójicamente vivía solo en Caracas, y no hacía más que estudiar como loco. Bueno…, tenía 19 años, una buena computadora, muchos libros, muchos discos, novia y un apartamento de soltero, de forma que ciertamente fueron tiempos interesantes.

Al final del concierto me abrumó la melancolía y la insatisfacción, como si algo hubiese faltado. Eve y yo –¿alguna vez te he dicho que te amo?– tomamos un taxi de vuelta a casa, en una ciudad a la que no pertenezco. Por un par de horas escuché música caraqueña, de la mejor banda caraqueña de todos los tiempos. Poco después Zapato concluiría esta gira de despedida, y en ello, yo mismo me despediría de esos años felices de juventud en una Caracas que ya no existe.

P.S.

Antes de que los maracuchos se sientan ofendidos por mis comentarios, me permito suministrarles la siguiente información:

  • Tengo 16 años continuos viviendo y trabajando en Maracaibo, y en total he vivido 20 años, la mitad de mi vida, en esta ciudad. Cada uno de esos años me he considerado a mi mismo como un caraqueño, nacido en Barcelona, en el exilio.
  • Mis 4 hijos nacieron en Maracaibo.
  • Soy Bachiller en Ciencias egresado del Colegio San Vicente de Paúl de Maracaibo, y de hecho mi título de Bachiller de la República de Venezuela está firmado por el Padre Matías Revilla, y por el Profesor Manuel Negrón. A pesar de no ser ni católico ni cristiano, considero a Matías Revilla como uno de mis guías espirituales más importantes, incluso cuando tengo 25 años sin sostener una conversación de más de 20 palabras con él. Manuel Negrón me exigió tanto en quinto año de bachillerato, que Matematicas I y Geometría Analítica de primer semestre de ingeniería civil se me hicieron un paseo en el parque.

De forma que dejen sus complejos, y terminen de reconocer que cuando se trata de música, Caracas es Caracas, y lo demás es monte y culebra.

Otro P.S.

Al fin he digitalizado la reseña del concierto hecha por el Diario Panorama  el lunes 16 de julio de 2012, que muestro a continuación.

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