La Última Cruzada de Zapato 3 en Punto Fijo el 21 de septiembre de 2012

El peor concierto al que he asistido en mi vida, producto de unos organizadores incapaces, indolentes, poco profesionales, y hasta poco honestos en el cumplimiento de las condiciones ofrecidas en la boletería.

La convocatoria inicial para el viernes 20 de julio de 2012 tuvo que ser pospuesta ante la escasa venta de boletos, llamada eufemísticamente “razones logísticas” por los organizadores. Supongo que el provinciano público puntofijano, puntofijense, puntofijista o como sea que se llamen a sí mismos, no estaría muy interesado en una gloria del rock nacional como Zapato 3. Se convocó entonces para las 8 de la noche del 1ero. de septiembre de 2012, cuando Zapato 3 se presentaría en un show compartido con la banda de pop-rock para carajitas llamada Caramelos de Cianuro. Después de superar las ganas de vomitar que me provocó la inclusión de esta bandita en un concierto de la gira La Última Cruzada, terminé conformándome al razonar que quizá se requería llegar  a esos dolorosos extremos para interesar lo suficiente a los nativos. Eve y yo viajamos a Punto Fijo el 11 de agosto, y compramos nuestros boletos para el área VIP situada a la izquierda de la tarima. Casi solté una carcajada cuando me enteré que habría un área con mesas y sillas al lado derecho de la tarima, pues como buen caraqueño amante de la hoya (1) del Poliedro de Caracas (2), siento un profundo desprecio por la gente que se sienta en un concierto de rock. Un accidente industrial catastrófico ocurrido el 25 de agosto en la Refinería de Amuay, ubicada bastante cerca del lugar donde se haría el concierto, causó una nueva postergación. Finalmente se publicó nueva fecha para las 7 de la noche del viernes 21 de septiembre del 2012.

Viajamos desde Maracaibo el mismo día del concierto, y arribamos a Punto Fijo como a las 3 de la tarde. Visitamos algunos comercios, llegamos a casa de mis suegros, cenamos algo rápido en un puesto callejero no muy higiénico, y nos dirigimos al concierto sin mucho apuro. Mi intención inicial era entrar al concierto a media presentación de la banda de relleno, pero al final decidimos incorporarnos a la cola como a las 7:30 de la noche. Poco antes de las 8 de la noche ingresamos al estacionamiento con tarima donde se haría el concierto, sorprendidos porque no había separación entre el público que pagó entradas generales, y quienes pagamos entradas VIP por el doble del precio de aquellas.

Antes del concierto, comiendo algo en un desvencijado y sucio puesto callejero, aún ignorando la inmensa desorganización e indolencia que viviríamos en este concierto.

Como es mi costumbre en los conciertos, escogí un lugar cerca de la tarima que mantendría hasta el final del espectáculo. La publicidad de la nueva fecha establecía el comienzo para las 7 de la noche, y sin embargo no ocurrió absolutamente nada hasta las 9:20 de la noche. A esa hora, comenzaron a presentar videos musicales en las pantallas gigantes del escenario, pero sin que se viera el más mínimo preparativo para el inicio del concierto. Faltando 20 minutos para las 11 de la noche, finalmente apareció un presentador de voz engolada anunciando a los Caramelos de Cianuro, 3 horas y 40 minutos después de la hora pautada. Si eso le parece diligente y profesional a Rockline Producciones y a Top Show Producciones, tienen un inmenso rancho en la cabeza.

Jamás me esperé mucho del espectáculo de Caramelos de Cianuro. Sus letras son bastante primitivas e inelegantes, totalmente carentes de la sutileza que le permite a un buen letrista decir cualquier barbaridad sin sonar vulgar. Son el equivalente pop a la salsa erótica de los años 80. Nunca los había visto tocar, pero habiéndolos oído ocasionalmente por la radio hubiese jurado que su conformación era bajista, baterista, vocalista, y un guitarrista con solo dos dedos en su mano diestra, y solo tres en la siniestra. Fue toda una sorpresa ver dos guitarras tocando simultáneamente en el escenario, y aún así producir un sonido tan pobre. Respecto al vocalista, lo único salvable de su espectáculo es la teatralidad de las muecas de pervertido sexual que hace mientras canta, muy acordes a la naturaleza simplona de sus letras.

Curiosamente, observé a muchas jovencitas bailando y coreando las canciones de los Cianuros en un desaforado trance cuasi-hipnótico, que se me ocurre interpretar como manifestación de un reciente despertar sexual. Lo dicho, una banda pop-rock para carajitas brinconas.

Poco antes de la una de la madrugada, 5 horas luego de haber ocupado mi posición frente a la tarima, y 6 horas después de la hora estipulada para el comienzo del concierto, finalmente salió al escenario Zapato 3.

Creo que es bastante obvio que adoro a esta banda caraqueña, y que su música me es muy especial y querida. Sin embargo, no me pareció un buen concierto. Supongo que la banda estaba tan cansada por la espera, como yo. Álvaro estaba tan distraído, que se le ocurrió introducir Amor de Hierro diciendo “Olvidemos Amuay”. ¿Como carajo se olvida uno de un accidente donde murieron 50 personas, otras cientos resultaron quemadas, se dañó una de las instalaciones industriales más importantes de la nación, a 2 kilómetros del lugar donde estábamos, apenas cuatro semanas antes? Ya a la séptima u octava canción empezaron a despedirse, totalmente desconectados de un público que mayoritariamente no les fue a ver a ellos.

En realidad fue mi error haberlos ido a despedir en ese monte y culebras, después del apoteósico concierto en el CIEC de Caracas, donde cada uno de los asistentes parecía predestinado para estar allí, en ese instante.

(1) hoya.
(Del lat. fovĕa).
1. f. Concavidad u hondura grande formada en la tierra.

(2) hoya del Poliedro de Caracas.
Con ese nombre se llama al área abierta ubicada justo frente a la tarima modular que se instala en esa sala de espectáculos. Desde las gradas, esa área se observa sumida en una depresión frente al escenario, y de allí que se le denomine “hoya”. El público suele mantenerse de pie en esa “hoya”, para poder observar a los músicos más de cerca. Muchos cronistas descuidados se refieren a ese lugar como la “olla” del Poliedro.

La Última Cruzada de Zapato 3 en Caracas el 28 de julio de 2012

Primera vez que compro la entrada a un concierto por Internet.

Jamás he escuchado a mi hermana cantar, y nunca supe que hubiese comprado un disco, pero supongo que mi cuñado la arrastró al concierto.

Poco después de tomarnos esta foto, se desató un torrencial aguacero mientras todavía estábamos en la cola para entrar a la sala de espectáculos. Como es costumbre en Venezuela, los organizadores de estos eventos son totalmente incapaces de hacer entrar al público de forma ordenada y oportuna, y en consecuencia mi cuñado Armando y yo debimos exprimir nuestras camisas totalmente empapadas de agua de lluvia apenas llegamos a la zona techada adyacente a la entrada. Eve y Vane debieron quedarse mojadas de pies a cabeza. Una vez dentro de la sala, no había señales que indicaran las entradas para las áreas general, y V.I.P., causando otra serie de inconvenientes adicionales innecesarios. Supongo que los imbéciles que organizan estos eventos nunca fueron al kindergarten, y en consecuencia jamás aprendieron a usar un marcador de punta gruesa para escribir sobre un trozo de cartulina.

Entre los “teloneros”, estos chicos de Almas dieron un espectáculo genial, digno de aplauso y admiración. La tal Joan City parece una especie de Paulina Rubio obesa, pero con aún menos voz. No tiene nada de malo ser obeso, pero cantar tan mal debería estar penado por la ley. Los chicos de Levítico no me gustaron en lo más mínimo, pero supongo que algunos sordos seguramente los disfrutaron.

El CIEC de la Universidad Metropolitana resultó ser un local muy adecuado pare este concierto. Había muchísima gente, pero en el área V.I.P. teníamos suficiente espacio para saltar sin molestar a nadie. Comencé el concierto totalmente mojado por la lluvia de la entrada, pero en realidad el aire acondicionado de la sala mantuvo una temperatura muy adecuada todo el tiempo. De hecho, en las pocas ocasiones en que me estuve quedo, sentí caer sobre mi un agradable aire frío proveniente de la ventila bajo la que ex professo nos ubicamos. La alfombra que cubría el piso estaba tan limpia, que nos sentamos en ella en los intermezzi entre las bandas teloneras.

Me gustaría decir que la banda sonó mejor que en el concierto en Maracaibo debido a que la sala de espectáculos caraqueña tenía condiciones ambientales más adecuadas, que les permitieron dar lo mejor de sí. Habiendo estado en ambos conciertos, solo puedo decir que Zapato 3 es una banda tan intrínsecamente caraqueña, que solo suena a cielo en Caracas. La banda estaba tan totalmente relajada, que parecía que estuviesen tocando para unos panas de toda la vida. Hubo unos escasos minutos cuando el sonido se cayó totalmente, y se interrumpió el concierto. La banda se retiró brevemente, y pude observar a Fernando mirando a los ojos a alguien del público y pidiendo disculpas. Supongo que le respondieron con una sonrisa, ya que lo vi hacer una deferencia con la cabeza, y leí sus labios diciendo ¡gracias! Esa intimidad entre come-cachitos clase media de Caracas no se da con otros compatriotas tipo monte y culebras. En Maracaibo, por ejemplo, comen fritangas.

“El exilio es muy duro” dijo Carlos sosteniendo este maravilloso tricolor con 7 gloriosas estrellas blancas, que le había entregado alguien del público. “Este año es muy importante para Venezuela” fue una frase que ya le había escuchado en el concierto de Maracaibo. Ruego al Señor, D-os de Israel, que pronto no haya más exilio para nuestros hermanos. Amén.

Me gusta mucho esta foto. Carlos disfrutando el concierto con su hermano Álvaro, tanto como lo disfruté yo con Vanessa.

Al terminar el concierto salimos al estacionamiento del CIEC, donde esperamos que se acabara la cola en compañía de 6 cervezas de lata para Armando y para mi. Una hora después llegamos al apartamento de Vane, donde comimos pan de pita con berenjenas confitadas, acompañadas por un dram de Johnnie Walker Black Label Aged 12 Years. Eve y yo dormimos en la habitación de Valeria, con vista a una montaña que se me pareció al Ávila de mi adolescencia. No se que soñé esa noche, o si en realidad soñé algo, pero al despertar a la mañana siguiente me sentí totalmente satisfecho con el universo.

La Última Cruzada de Zapato 3 en Maracaibo el 13 de julio de 2012

Comencé a escuchar a Zapato 3 en 1990 con el álbum Amor, Furia y Languidez, de sonido crudo y sub-producido, que sin embargo aprecio como la obra más significativa y original de la banda. Recuerdo haber comprado el vinil en la discotienda del IPSFA en Santa Mónica/Los Próceres, en Caracas, para luego llevarlo al desierto apartamento de mis padres, quienes vivían en ese tiempo en Buenos Aires con mi hermana Vanessa Cristina. En ese tiempo solía escuchar el Rock Progresivo de Genesis y Yes, de forma que escuchar una banda como Zapato 3, más parecida en ese tiempo a Sex Pistols que a cualquier otra cosa, constituía una novedad.

Compré Bésame y Suicídate, segundo álbum de la banda, apenas salió en 1991. Para entonces la banda contaba con el respaldo y recursos del sello Sonográfica, de forma que esta segunda propuesta contaba con un sonido mejor cuidado. Por alguna razón, jamás me gustó tanto como Amor, Furia y Languidez, pero no puedo negar que mi cabeza batió bastante con él. En retrospectiva pienso que el sexual innuendo siempre aparente en las letras de Zapato terminó pareciéndome inelegante, y me acercó a la exquisita poesía de Soda Stereo, a quienes seguía ávidamente desde 1989. Estos últimos podían decir casi tantas barbaridades como Zapato, pero sin que una monja a su lado levantara sus beatas cejas ni por un segundo. Poco tiempo después comencé a escuchar Iron Maiden, y Black Sabbath con Ronnie James Dio como vocalista, y mis preocupaciones se centraron en la condena eterna del alma humana, la oscura trascendencia de la misma, la maldición de la clarividencia, la locura, y la muerte. Por ese tiempo releí Huis Clos del maldito imbécil de Jean Paul Sartre, que a su vez me indicó el camino hacia Le Mythe de Sisyphe de Camus. Ya para entonces las letras de Zapato se me habían convertido en conversación de retrasados mentales, y simplemente dejé de escucharlos.

Escuché algunas canciones de los siguientes álbumes de la banda aquí y allá, pero jamás me interesé demasiado en el asunto. El cover de Vampiro de Seguridad Nacional que apareció en el álbum Cápsula Para Volar, de 1995, me llamó la atención tanto como a cualquier otro rockero caraqueño de mi edad, pero no lo suficiente como para ir de compras a una discotienda. En retrospectiva siento que de haber escuchado Separación cuando salió al mercado en 1993, lo habría abrazado en detrimento de Soda Stereo.

En 1996, un año después de la salida de Cápsula…, me mudé a Maracaibo con mi hijo Néstor Adelso y su madre, entonces mi esposa. Obtuve un buen trabajo que conservo hasta el día de hoy, pero terminé alienado de mis escasos vínculos con otros seres humanos. Los nativos son, en general, personas poco habituadas a la lectura, poco cultivadas, y muy aficionadas a los más bizarros gustos musicales. Si los rockeros militantes somos una minoría anormal en Caracas, en Maracaibo somos un infinitésimo que tiende a cero.

Enfermo de tanta estupidez que me rodea en esta maldita ciudad, Fito Páez dixit, de tanto en tanto exploro la internet en busca de referencias cercanas a mi esencia, que no tiene identidad propia, pero al menos se siente caraqueña y rockera. Tarde o temprano iba a conseguir un torrent de Zapato 3 que me recordara que hicieron música que me hizo feliz cuando vivía solo en Caracas. ¿Hay casualidades en la vida?, ¿o es El Señor, bendito sea su nombre, que nos deja señales de su amor e infinita misericordia? Bajé el torrent de Zapato a finales de enero de 2012, y poco después me enteré de los planes de La Última Cruzada. Estuve a un click de irlos a ver en Maracay a finales de marzo de 2012, pero al final decidí esperarlos en Maracaibo. Compré mis 3 entradas el miércoles 6 de junio de 2012, menos de una semana luego de que fuesen puestas en pre-venta, y cinco semanas y pico antes de la fecha del concierto.

La misma semana del concierto debí viajar a Maturín a una reunión de trabajo, y a firmar el acta de inicio de un contrato. Muy a mi pesar, me tocó arriesgar el regreso por avión el mismo día del concierto. Mi vuelo inicial Barcelona-Maiquetía por Avior salió con solo 30 minutos de retraso, de forma que llegué a Maiquetía a las 10 de la mañana, con suficiente tiempo para tomar mi conexión a Maracaibo en el vuelo de las 12 del mediodía con Aserca. Esta última aerolínea nos embarcó en una aeronave unas 4,5 horas después de lo acordado, con el agravante de que en lugar de dar una declaración responsable acerca del retraso, decidieron dar sucesivos aplazamientos de entre 30 y 50 minutos, hasta completar las 4,5 horas de retraso efectivo. El problema no es el retraso en sí, sino la burla al pasajero al no decirle la verdad respecto al mismo. En todo caso, no pude alejarme de la puerta de embarque para almorzar, y llegué a Maracaibo 4,5 horas después de lo planeado, y muerto del hambre.

Tuve suerte con el taxista que me tocó en el Aeropuerto Internacional La Chinita, nombre idólatra que no me queda forma de evitar escribir en esta reseña. Ciertamente bendije al hombre que pudo llevarme a casa en el Norte de la ciudad en 35 minutos, tomando atajos que desconozco aún después de 16 años viviendo aquí. Un baño rápido, un “almuerzo” rápido, y on a taxi we go mí amada Eve, mi primogénito Néstor Adelso –quien casualmente tiene ahora la misma edad en la que empecé a escuchar a Zapato 3–, y mi persona.

Pudimos llegar a la cola a las 6:45 p.m., que estaba bastante corta para el espectáculo que comenzaría a las 07:00 p.m. La espera estuvo agradable, pero bastante calurosa. Incluso pude conocer a algunos nativos con gusto por la banda. Es bueno saber que no todos ellos tienen gustos musicales degenerados.

Después de la espera no planificada en Maiquetía, ciertamente tenía poca paciencia. Eve decidió llevarse una cámara fotográfica –en contra de mi expresa recomendación–, que no le dejaron pasar. El incidente la llevó frente a un supervisor de seguridad que consideró totalmente apropiado llamar “mamita” a una dama en compañía de su esposo. Ante mi airada reclamación de respeto terminé recibiendo amenazas físicas de tan bien escogido supervisor, que se desvanecieron tan pronto me planté dispuesto a defenderme. Como he sospechado desde hace 16 años, los ruidosos maracuchos son, fundamentalmente, buche y plumas. Al final nuestro héroe se disculpó profusamente, y terminó guardándole la cámara a Eve hasta el final del concierto.

Una vez dentro de la sala, me percaté de cuanto han cambiado las cosas desde que iba a conciertos en el Poliedro de Caracas. El grandilocuente nombre de “Centro de Convenciones Norte” designa a una antigua sala de cine, con una alfombra sucia y pegajosa, baños insuficientes, sin extintores de incendio ni salidas de emergencia señalizadas, y escasamente climatizada para este tipo de espectáculos. Justo frente al escenario se estableció la sección “V.I.P.”, donde nos encontrábamos, con acceso a un bar vendiendo Chivas Regal Premium Scotch Whisky Aged 12 Years a 60 bolívares/dram, Something Special sin indicación de edad de añejamiento por algo menos, y hasta un ron que no recuerdo. Una especie de cerca metálica removible separaba al “V.I.P.” de las localidades más baratas, que a su vez tenían acceso a un bar de cerveza, Polar Ice, si mal no recuerdo.

Servir un whisky escocés -incluso un blended- en vasos de plástico, ya es bastante imbécil. No proporcionar agua fresca en un recinto cerrado y mal ventilado, raya en lo criminal.

Las bandas teloneras comenzaron a tocar a eso de las 9 de la noche. La primera sonó como Slayer, con un par de buenas guitarras (uno de ellos el vocalista), un maravilloso drummer, y un bajista bastante competente; la segunda banda, Somático de Maracaibo, presentó dos buenas guitarras, un bajista y un drummer bastante olvidables, y un vocalista poco capaz y algo amanerado, sin llegar totalmente a maricón (imaginad un Beto Cuevas, pero sin voz). De la tercera banda telonera, llamada Manta, solo recuerdo al excelente vocalista, quien exhibió una maravillosa técnica vocal mezclada con un feeling al cantar muy propio de un profesional. Siendo sincero, de las tres bandas que le hicieron telón a Zapato, lo único que realmente valió la pena, y por mucho, fue la ejecución el vocalista de Manta. En las reseñas del concierto se mencionan cuatro bandas, pero yo solo recuerdo haber escuchado las tres antes descritas, cuyas fotos os presento en el orden de aparición:

Justo antes de que se montara Manta, haciendo la señal que Ronnie nos enseñó.

Lo interesante de un concierto de rock es que terminas conociendo gente que, por algunas pocas horas, parece que conocieras de toda la vida. No se si los rockeros maracuchos son tan militantes como nosotros los rockeros caraqueños, que incluso podemos vomitar si escuchamos merengue o vallenato por más de 45 segundos seguidos, pero lo cierto es que por primera vez en 16 años pude establecer un vínculo cercano, aunque efímero, con algunos nativos que no fuesen mi familia. Ni siquiera la edad es importante. El pana a la extrema derecha de la siguiente foto tenía la tapa de Amor, Furia y Languidez, un disco que con seguridad debe tener más o menos su misma edad. Los tres nos tripeamos juntos el concierto, y hasta salimos juntos en la reseña del deprimente Diario Panorama, un periodicucho regional. En el Zulia también se publica un excelente diario llamado La Verdad, pero los nativos parecen preferir la hórrida y sub-editada redacción de Panorama, al punto que los menos instruidos llaman con ese nombre a cualquier diario. He escuchado referirse a El Universal o a El Nacional como “el Panorama de Caracas”.

De lo que estoy seguro es que el chico a mi lado en la siguiente foto nació 5 años después de la primera vez que escuché el disco que sostengo en mi mano derecha.

Zapato se montó en la tarima poco después de las 11 de la noche. Carlos apareció con franela, camisa manga larga, bufanda, sombrero y pandero. Tanta ropa, combinada con la pésima climatización de este cuchitril mal llamado “Centro de Convenciones Norte”, terminó haciéndolo interrumpir el concierto para tratar de refrescarse por unos minutos.

El sonido estuvo excelente, y la banda, que siempre fue grandiosa en vivo, estuvo mejor que nunca. Carlos Segura es uno de esos vocalistas que pone tanto de si mismo en la interpretación, que a nadie le importa un carajo que su voz no sea la más potente ni la más bella. Por la forma en que bailó, y la sonrisa en sus labios, estoy seguro que la estaba pasando muy bien. Las guitarras de Álvaro Segura fueron un tanto imprecisas en algunos solos, pero le puso tanto feeling que no me importó mayor cosa. Diego Márquez sonó durísimo en la batería, y Jaime Verdaguer estuvo impecable en los teclados. Jaime escribió la música de Entrada de Bala, por lo que lo cuento entre mis músicos más respetados y admirados. Fernando…

… Batoni escribió la letra de Entrada de Bala, y solo me resta guardar respetuoso silencio al respecto. Pasó casi todo el concierto cubierto por un gigantesco sombrero negro, casi sin asomar los ojos, taciturno en una esquina de la tarima. Animado por Carlos, tomó el centro del escenario en algunas ocasiones, pero siempre regresaba a su esquina. Se me hace un tipo tranquilo, tan seguro de si mismo que simplemente no tiene nada que demostrarle a nadie. Pocos bajistas son pieza tan fundamental de una banda, y hasta pensaría en él como una especie de Steve Harris criollo.

Fue un concierto muy duro físicamente. El calor en ese antro era excesivo, y varias veces tuve que dejar de bailar para permitirle a mi cuerpo enfriarse un poco. Durante esas pausas podía literalmente sentir el calor que emitían las personas a mi alrededor. Eve tuvo que salirse de la sala poco después del intermezzo que hizo Carlos Segura para recuperarse, y Néstor se sintió mal poco después, y se marchó a casa de un amigo sin decirme nada. Pude resistir el concierto en las primeras filas con las dos botellitas de agua que me hizo llegar Eve, quien luego huía de nuevo hacia la puerta de la sala. La huida de mi amada fotógrafa es la razón de que no tenga fotos de los estadios finales del concierto. Quien me conozca un poco sabe que jamás le quitaría la vista a la banda para tomar una estúpida fotografía. La música se siente en el pecho, aturde tus oídos, y permea tu alma, y en un concierto se cataliza aún más al percibir una sonrisa de Carlos Segura, el filial abrazo que le brindó a su hermano Álvaro, y más aún su tierno abrazo a Fernando Batoni, cuando le susurró algo al oído con una sonrisa que no le cabía en la cara. Parecía decirle “lo hicimos, esto es Zapato 3, de nuevo”.

Este concierto me hizo recordar tiempos muy felices de mi adolescencia, cuando paradójicamente vivía solo en Caracas, y no hacía más que estudiar como loco. Bueno…, tenía 19 años, una buena computadora, muchos libros, muchos discos, novia y un apartamento de soltero, de forma que ciertamente fueron tiempos interesantes.

Al final del concierto me abrumó la melancolía y la insatisfacción, como si algo hubiese faltado. Eve y yo –¿alguna vez te he dicho que te amo?– tomamos un taxi de vuelta a casa, en una ciudad a la que no pertenezco. Por un par de horas escuché música caraqueña, de la mejor banda caraqueña de todos los tiempos. Poco después Zapato concluiría esta gira de despedida, y en ello, yo mismo me despediría de esos años felices de juventud en una Caracas que ya no existe.

P.S.

Antes de que los maracuchos se sientan ofendidos por mis comentarios, me permito suministrarles la siguiente información:

  • Tengo 16 años continuos viviendo y trabajando en Maracaibo, y en total he vivido 20 años, la mitad de mi vida, en esta ciudad. Cada uno de esos años me he considerado a mi mismo como un caraqueño, nacido en Barcelona, en el exilio.
  • Mis 4 hijos nacieron en Maracaibo.
  • Soy Bachiller en Ciencias egresado del Colegio San Vicente de Paúl de Maracaibo, y de hecho mi título de Bachiller de la República de Venezuela está firmado por el Padre Matías Revilla, y por el Profesor Manuel Negrón. A pesar de no ser ni católico ni cristiano, considero a Matías Revilla como uno de mis guías espirituales más importantes, incluso cuando tengo 25 años sin sostener una conversación de más de 20 palabras con él. Manuel Negrón me exigió tanto en quinto año de bachillerato, que Matematicas I y Geometría Analítica de primer semestre de ingeniería civil se me hicieron un paseo en el parque.

De forma que dejen sus complejos, y terminen de reconocer que cuando se trata de música, Caracas es Caracas, y lo demás es monte y culebra.

Otro P.S.

Al fin he digitalizado la reseña del concierto hecha por el Diario Panorama  el lunes 16 de julio de 2012, que muestro a continuación.

Memories from Iron Maiden’s concerts in Caracas on October 9 and 10, 1992

I’ve finally gotten my own copy of Iron Maiden’s last album titled “A Matter of Life and Death”. I really like the third song “Brighter than a Thousand Suns”. The lyric goes like this:

We are not the sons of God
We are not his chosen people now
We have crossed the path he trod
We will feel the pain of his beginning

Anyway… after getting the album, I started scavenging my old photo albums and got 5 pictures and a concert ticket. Here’s what I found:

Bruce Dickinson at “El Poliedro de Caracas”. Back in 1992, he had decided to leave the band, so that one was supposedly their last tour.

Bruce Dickinson at “El Poliedro de Caracas”. Back in 1992, he had decided to leave the band, so that one was supposedly their last tour.

On the stage, just in front of me, Mr. Steve Harris.

On the stage, just in front of me, Mr. Steve Harris.

Dave Murray (left) and Janick Geers (right). Steve is cut-out on the left side and Nicko McBrain’s drums are seen in the background.

Dave Murray (left) and Janick Geers (right). Steve is cut-out on the left side and Nicko McBrain’s drums are seen in the background.

Steve and Dave chatting while performing “Heaven can wait”… Meanwhile, Bruce was singin’:

Steve and Dave chatting while performing “Heaven can wait”… Meanwhile, Bruce was singin’:


“Take my hand I’ll lead you to the promised land
Take my hand I’ll give you immortality
Eternal youth I’ll take you to the other side
To see the truth the path for you is decided”

Me during Friday's concert. During all my college years I wore the exact same clothes: Blue jeans, black t-shirt, denim jacket decorated with a steel badge of Iron Maiden’s “No prayer for the dying” album cover and cowboy boots. The clip earring with a skull hanging from my left ear was only used on special occasions, like this concert.

Me during Friday’s concert. During all my college years I wore the exact same clothes: Blue jeans, black t-shirt, denim jacket decorated with a steel badge of Iron Maiden’s “No prayer for the dying” album cover and cowboy boots. The clip earring with a skull hanging from my left ear was only used on special occasions, like this concert.

The camera used was a Kodak Breeze 35-mm film camera. I took a lot of pictures while standing in the front row by raising my arm and shooting without focusing. The photos of the band showed here were the best ones I got. The last picture was taken by my dear friend “Homerito” Sanchez, Requiescat In Pace.